viernes, 20 de febrero de 2009

Miedo

Para que un director de cine adquiera prestigio y notabilidad debe hacer una y otra vez la misma película.

¿Qué tienen en común Tim Burton, Michael Haneke, Julio Médem, Woody Allen o David Lynch? Llevan toda su vida haciendo la misma película. Eso da al espectador (y al crítico de cine) una cierta sensación de seguridad; de pertenecer a un grupo, a un bando: a los que están “ a favor” o “en contra” de tal o cual director.

Por eso directores como Marc Foster o Sidney Lumet no gozan de la misma fama. Nunca se repiten, ni trabajan una y otra vez con el mismo equipo. Buscan que cada película sea única, que cada obra sea una oportunidad de explorar nuevos caminos, nuevos lenguajes (y, por tanto, una oportunidad de equivocarse).

Queremos ir a ver la película de un autor porque sabemos qué vamos a ver. Ya hemos visto la película y nos gusta, y vamos a que nos guste (o justo lo contrario).

Por eso nos inquieta “Una historia verdadera”, pero nos devuelve la seguridad “Mulholland Drive”, porque podemos volver a amar/odiar a David Lynch.

No queremos que nos desconcierten, que nos rompan los esquemas preconcebidos.

¿Sabes cómo se llama eso?

martes, 17 de febrero de 2009

10.000 BC

No es raro que grandes bandas sonoras acompañen a películas pésimas. Por eso no es de extrañar que una de las mejores bandas sonoras del pasado año sea la de una de las peores películas estrenadas. Se trata de 10.000 BC, uno de tantos bodrios firmado por Roland Emmerich (que ahora amenaza con 2012), cuya música de Harald Kloser es una auténtica maravilla.

Y de muestra...

video

¿No suena a Klaus Badelt cuando se pone épico (no cuando se pone aburrido)?

lunes, 16 de febrero de 2009

The reader

Una vez vistas las cinco películas nominadas este año al Oscar a mejor película puedo decir que, con mucho, mi favorita es “The reader”, de Stephen “Melodrama” Daldry.

Ni ese remake de “Forrest Gump”, ni esa discusión de pareja alargada hasta la saciedad, ni el pretencioso panfleto gay sobreactuado, ni los dos programas de televisión disfrazados de películas pienso que estén a la altura del portentoso trabajo del inglés. El tercer melodrama de Daldry es aún superior a sus dos intachables predecesores: “Las horas” y “Billy Elliot”. Llevado con mesura y buen gusto, esta película en otras manos hubiese corrido el riesgo del tedio, la sobreactuación y la lágrima fácil.

Aparte, cuando ya uno está hasta las narices de películas sobre nazis y piensa que es imposible ser original con el tema (hasta Singer ha caído, con lo que prometía el muchacho) llegan estos señores (incluyo al guionista y al novelista en el lote) y me dan en toda la cara con su película.


Pues sí, no todo está inventado y hasta en el tema de la Segunda Guerra Mundial y los nazis, se pueden contar cosas nuevas, desde un punto de vista totalmente único.

Pero claro, para hacer eso hay que ser Stephen Daldry.

domingo, 15 de febrero de 2009

La televisión

He vuelto a la televisión después de más de un año apartado. La crisis es así. De todos modos, cada vez veo las cosas con un prisma más positivo (será un efecto secundario de hacerse mayor... qué mal llevo cumplir años, por favor).

Pues bien, a riesgo de contradecirme a mí mismo (otra vez) debo decir que trabajar en televisión también puede tener sus cosas positivas, después de todo.

Y es que ya va siendo hora de reconocer que este medio también ofrece posibilidades fantásticas. Sobre todo si lo comparamos con lo que supone trabajar en otro medio como el cine, por ejemplo.

He aquí unas cuantas:

1. Dinero.

2. Mucho dinero. Puede parecer la misma que la anterior pero la partícula “mucho” le aporta un detalle diferenciador importante.

3. Como la tele no se considera cultura ni arte (el cine sí) no tienes que esforzarte. Vale cualquier cosa.

4. Existen los críticos de televisión pero, a diferencia de los del cine, estos ya están vendidos de antemano. Los de derechas siempre atacarán a Canal Sur, Cuatro, La Sexta... Los de izquierdas a Telemadrid, Intereconomía... Hagas lo que hagas, la crítica no dependerá de tu capacidad ni de la calidad de tu trabajo, sino de en qué medio estés.

5. Ahora todo el mundo tiene plasmas y LCDs de hasta 50 pulgadas. En esas televisiones los blu-rays se ven de puta madre. La televisión, sea el canal que sea, se ve de puta pena. Por muy mal que lo hagas siempre podrás achacarlo a la mala calidad de imagen.

6. Si haces cine, luego tienes que explicar en el DVD qué coño pretendías hacer y lo maravilloso que era el resto del equipo. En televisión puedes no pretender hacer nada y odiar a todo el mundo.

7. Te puedes quejar de tu trabajo. Si haces cine no. Hay una especie de sentimiento de culpa por dedicarte a una “profesión tan maravillosa” y no estar agradecido a dios.

8. ¿He mencionado ya lo del dinero?

9. Seguro que conoces cientos de nombres de directores y/o guionistas de cine (Woody Allen o Quentin Tarantino se incluyen en “guionistas”, ojo... ¿has visto? También conoces nombres de guionistas). Si la cagan, se nota. Ahora, ¿cuántos directores y/o guionistas de televisión conoces? Los amiguetes no cuentan (como yo, que si estás leyendo mis paridas es porque me conoces o no entendería qué haces perdiendo el tiempo por estos lares).

10. En cine hay poco trabajo para los guionistas. Una película es igual a uno, dos o tal vez tres guionistas. La televisión necesita de un ejército de plumillas para cualquier serie o programa.

11. Lo mismo se puede aplicar al resto de profesiones: en televisión está el director, el realizador, el director de actores... en cine un sólo señor (el director) hace todo esto él solito y además, normalmente, también escribe el guión.

12. Puedes participar en la creación de momentos televisivos como éste:

Tocinete en Gran Hermano

Impagable.

Bush


Esta foto me la han mandado en uno de esos horribles mails en cadena que normalmente borro directamente sin mirar pero que esta vez el subject del mensaje, al no contener ninguna pista de lo que era (como dejar el FWD) me ha engañado.

Y mira por donde, ha resultado algo interesante, para variar. Se trata de una imagen de Bush formada por (según dicen) el rostro de muchos de los muertos en Irak.

Aunque la idea resulta ingenua, el resultado no está mal, ¿no?

miércoles, 11 de febrero de 2009

Títulos que despistan

Qué poco me gustan los títulos que despistan.

O sea, maldita la gracia de ese padre de familia que lleva a sus hijos a ver una película llamada “El cervatillo perdido” y se encuentra con una película bélica con todo tipo de tiroteos y vísceras salpicando la cámara. Y es que el padre del protagonista, cuando éste era pequeño, le contaba el cuento de “El cervatillo perdido”. ¡Un puto cuento del que se habla durante tres minutos en una película de dos horas le da título! Ah, que todo es una metáfora, que en realidad el protagonista es como ese cervatillo perdido. Qué conmovedor. Para conmovido el padre que se ha gastado una pasta (jo, qué caro está el cine) en llevar a sus tres hijos a la puñetera y conmovedora película y tiene que salirse a la quinta decapitación explícita en pantalla (aproximadamente en el minuto 2 de película).

Este ejemplo es inventado, pero a ver, ¿por qué puñetas se llama “La naranja Mecánica” esa película? ¿En qué momento sale una puñetera naranja en la película? ¿Y “La chaqueta metálica” en qué momento sale en la película? Ah, que es una metáfora (el entrenamiento hace a esos chicos inmunes a las emociones, como si les pusieran una chaqueta metálica que los aísla y bla, bla, bla). ¡Pues la gente no la pilla! Y la de la chaqueta casi mejor que no la pillen porque mira que es cutre.

“El guardián entre el centeno”, una gran novela. Tal vez de las mejores. ¿A qué viene ese título?

Las metáforas van por dentro del libro, no en la portada, por favor. Yo mismo he caído en la tentación más de una vez de llamar a las cosas por el nombre de otro. En Granada me llaman Paco, ¡y yo no me llamo Paco! (Lo digo en serio, por alguna extraña razón, la gente que conozco en Granada me llama Paco, cuando no es mi nombre). Pues lo mismo. La película se tiene que llamar por su nombre, no por el nombre de otro (por cierto, aprovecho para saludar a la maravillosa gente de Granada y decirles que, ¡yo no me llamo paco!).

“La guerra de las galaxias”, eso es un título. “El Padrino”, “Escondidos en Brujas”, “Regreso al futuro”, “Calabuch”, “Amadeus”... Kafka –el más grande novelista que haya pisado la Tierra- lo tenía claro: ¿de qué va la historia? ¿De un proceso? Pues ya está: “El Proceso”. ¿De una metamorfosis? “La Metamorfosis”.

Si pudiera volver atrás, reharía muchos de esos títulos que siempre van acompañados de un “¿por qué se llama así?”. Y llamaría a las cosas por su nombre, no por el nombre de otro.

Si la historia va de un tipo que es verdugo, así debe llamarse la película, “El Verdugo”, no “Aleteos más allá del subconsciente”. ¿Qué coño es eso?

sábado, 7 de febrero de 2009

Youth of today

Una canción cuya letra resume bastante bien mis ideas sobre las diferencias generacionales es "Youth of today" de la joven escocesa Amy MacDonald.

Ésta es la canción:



Y la letra dice:

Si tal vez fueses un superdotado





escucharía lo que tengas que decir





Pero sólo eres una figura incapaz





Pensando que eres más importante que yo, cosa que no eres,





Y no tienes ni puta idea sobre la juventud de hoy





haciendo que tus opiniones me machaquen la cabeza





Y dices





"Mis hijos no eran así"





"Son los hijos de mis hijos los que tienen la culpa"





Y dices





"En mis tiempos nos portábamos mejor"





Pero ya noe s tu tiempo, ya no...





Y nosotros somos la juventud de hoy





Cambiamos nuestro pelo como nos da la gana





Y somos la juventud de hoy





nos importa una mierda lo que tengas que decir





A lo mejor si tuvieras un punto de vista auténtico





te escucharía





Pero son sólo tus prejuicios





los que se ponen por delante





Y no tienes ni puta idea sobre la juventud de hoy





haciendo que tus opiniones me machaquen la cabeza

Bueno, la traduccióne s un poco apasionada... pero Amy me perdonaría.

jueves, 5 de febrero de 2009

Premios (y II)

Por supuesto, los premios de este año apoyan películas tan anodinas como ese remake de “Forrest Gump” llamado “El curioso caso de Benjamin Button”. La peor película, con diferencia, de David Fincher. Pero claro, a los americanos les encantan estas tonterías. Pues nada, que les aproveche. Una pena que Fincher haya tenido que meterse en este pastiche melodramático para ganarse el respeto de sus compis. Eso sí, el otro título de moda en esto de los premios, “Slumdog Millionare” me pareció un trabajo excelente. Boyle sigue en forma.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Premios

El otro día sucedió una de esas cosas que sólo pasan cada ciertos decenios: mis gustos personales coincidían con unos premios de temporada. Hablo de los Goya y el buen gusto que tuvieron (por una vez) de premiar a “Camino” con los premios más importantes, incluyendo mejor película (merecido) y mejor director (merecidísimo). Sí, estoy de acuerdo. “Camino” fue la mejor película estrenada el pasado año en nuestro país. Entre las españolas, claro.

Eso sí, no todo va a ser festejo. Las nominaciones al Oscar, como siempre, son fruto del “a ver quién tiene más dinero para comprar nominaciones”... como cada año, claro. ¿Qué credibilidad pueden tener unos premios que desestiman por completo las interesantísimas “Antes de que el diablo sepa que has muerto” o “4 meses, 3 semanas y 2 días” (o la genial "Gran Torino")? Por no hablar de “El Caballero Oscuro”, que hasta optaba a un Goya (¿ein?), pero que en los Oscars va a tener que conformarse con un único premio importante, el de Heath Ledger.

Lo demás es de chiste, ¿de verdad van a reconocer que la película “suena bien”?