miércoles, 28 de octubre de 2015

Fargo. Temporada 2. Capítulo 2.


  Madre mía Fargo. Madre mía. Desde Twin Peaks creo que ninguna serie me dejaba tan KO como ésta. 

  Madre mía.

  Vamos a ver qué nos cuenta el segundo capítulo de la segunda temporada.

  Con la canción "Reunion" de fondo, arrancamos a pantalla partida con Hank, el suegro de Lou, conduciendo su coche por las carreteras de Minessota.

  Por cierto que se me pasó aclarar en el episodio anterior que la canción de los créditos finales era "Didn't Leave Nobody But The Baby", interpretada por el propio creador de la serie, Noah Hawley, y que ya sonaba en una película de los Coen: O Brother.

  En paralelo a Hank esta reunión de todas las tramas incluye imágenes en split screen de la Sra. Solverson y de la carnicería de Ed, donde empezamos con un curioso plano (y no porque haga otro falso split screen de los que ya nos tiene acostumbrado esta temporada).


  ¿Te suena?


  Igual que siguiera la carretera en plano aéreo, la cámara sigue  la línea de grasa de la carne. El paisaje americano está constantemente comparado con algo carnoso, con algo vivo, de carne y hueso (y sangre). De nuevo, aunque hablamos de personas, en realidad estamos hablando del país. Estamos diseccionando las tripas de este país, igual que en la carnicería diseccionan las tripas del cerdo.




    El juego de la pantalla partida (a veces partida en postproducción, a veces partida en set, a veces aparentemente partida pero no partida en realidad) en este temporada es una de esas cosas que merecería un vídeo de recopilación.

  Ahí lo dejo. Si tienes tiempo libre...


  Como aquí, que la línea divide la pantalla simplemente por la simetría del plano, no porque haya dos espacios diferentes ni nada por el estilo. 

  En estos primeros momentos, mientras el eterno emblema de "esto es una historia real" se sobreimpresiona en pantalla pasamos por todas las tramas y... 
  
  ¡Diablos! la secuencia acaba con el título de la serie sobre la casa de los Gerhardt.


  Y mirad dónde ponían el título en el capítulo anterior.


  ¡Pero bueno! Lo mismo nos están queriendo decir algo haciendo lo mismo ¡exactamente igual dos veces seguidas!

  Sigamos.

  Los que llegan a casa de los Gerhardt son los representantes de la mafia de Kansas City, que como ya sabemos vienen a absorberlos aprovechando el ataque sufrido por Otto, el cabeza de la familia. 

  Este grupo entra por la puerta grande de los grandes matones de la saga Fargo. Siempre hay un charlatán y otro que apenas habla. En este caso el negro es el charlatán y los gemelos son los mudos. 

  Por cierto que aquí vuelve a colarse sutilmente el DING de la máquina de escribir. Mal rollito.


  Dentro de la casa la matriarca está con su nieto -con artritis- abriendo la correspondencia donde la gente manda sus mejores deseos para Otto junto a billetes, regalos ¿y porno? (Eso dice el chico, pero la foto es de una chica a la que sólo se le ve una pierna, poco porno ha visto éste).

  La abuela le pide al chico que reúna a la familia y cuando va a por su padre y su tío Dodd éste está torturando a un tipo (seguramente les debe dinero) junto a su brazo armado Hanzee (un nativo americano, recordemos). ¿Y qué historia le está contando? Una historia sobre la Primera Guerra Mundial. 

  Guerra everywhere esta temporada.

  Al entrar en la casa se cruzan con los mafiosos de Kansas y una vez reunidos todos en la cocina la madre les explica que va a ceder, les venderán el negocio y tendrán que rendir cuentas ante ellos. Esto provoca un conflicto interno. Dodd dice que ni hablar...


  Guerra everywhere.

  Pero la abuela no quiere guerra y se produce un choque entre ambos. Dodd dice que ahora que el padre no está él debe ser el jefe, siendo el mayor. Pero el resto prefiere que sea ella.

  Finalmente, piden quedarse a solas para zanjar el asunto entre ellos.

  Te recuerdo que al hablar de esta familia, siempre estamos hablando de América. De su historia. De sus guerras.

  Y atención a lo que ocurre aquí (por alguna razón estos vídeos no se reproducen en dispositivos móviles, hay que verlos en ordenador... dichoso Blogger).

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  Dodd se dispone a presidir la mesa... pero ella se adelanta y se sienta en el sitio que antes ocupara Otto. Pero Dodd no se rinde, él va a presidir la mesa así tenga que irse a la otra punta. Y los dos, cada uno en una punta, acaban presidiendo la mesa. De nuevo, una disputa de poder ejemplificada con unas sencillas sillas.

  Y entonces Floyd, la matriarca, le suelta uno de los monólogos más elocuentes de lo que llevamos de temporada. Habla de la historia de la familia, pero no hay que escarbar mucho para darse cuenta de que habla de la historia de EEUU.

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  Tras otra magistral escena en el coche con los mafiosos de Kansas volvemos a la comisaría, donde Hank tiene el zapato de Rye en su mesa. Lo obsesiona. Y de ahí, a casa de su hija y su yerno a desayunar, donde le cuenta una historia a su nieta Molly a la vez que hablan del crimen del Waffle Hut. De nuevo, una escena brillantemente dialogada con varias líneas discurriendo a la vez, solapándose y complementándose.

  Volvemos al tremendo solo de celo que hasta ahora siempre se asociaba a Rye. Y es que estamos en la casa de los Blomquist, Ed y Peggy, cuyo sótano parece (es) el escenario de una matanza. Ed y Peggy, aún en shock; recuerdan lo sucedido la noche anterior y toman decisiones. 



  Ed hace alusión al moretón del ojo de ella, que va a peor. Ya sabemos que este cardenal es el símbolo del mal que se ha instalado en esta casa, como la herida en la mano de Lester de la primera temporada. 

  Tras ello volvemos a los Gerhardt. Dodd come del pastel que cocina la madre. Como ya vimos que lo hacía su hermano. Todos se "reparten" el pastel en esa familia, pero la que lo cocina es la madre. Dodd comienza su conspiración para hacerse con el control del negocio familiar. No quiere seguir comiendo del pastel de su madre. Ya va siendo hora de que sea él quien se ponga con las manos en la masa.

  Peggy se pasa por la carnicería donde trabaja su marido para avisar de que él no irá hoy a trabajar. Y, como siempre, los secundarios en esta serie están tan brillantemente creados que cada uno merecería su propio spin off. Como Loreen, la hija del dueño (o eso parece, nadie lo explica) que no hace otra cosa más que leer su libro y soltar frases brillantes.




  Sí, hay un indio ahí.

  Cuando Peggy va a la peluquería donde trabaja allí están sus compañeras hablando de lo sucedido la noche anterior, el atraco al Waffle Hut. Y nos sueltan a bocajarro:

  - ¿Primero el Watergate y ahora esto? ¿Adónde se dirige el mundo?

  Un poco forzado, tal vez, pero es cierto que no todo el mundo sabe ver las sutilezas del lenguaje cinematográfico y a veces hay que dar las cosas muy masticaditas. 

  Bueno, pues veamos adónde se dirige el mundo.

  Peggy se tiene que justificar ante su jefa, que le recuerda que está invitada a un seminario el fin de semana. De nuevo, soberbio diálogo, con la jefa tratando de explicar la situación de Peggy, que según ella nunca sale de casa, con una metáfora que se le va de las manos:

  - ¿Sabes lo que esconden los castillos?
  - ¿Dragones?
  - Princesas.

  La jefa se refiere a ella, encerrada en su castillo, como una princesa. Pero "la princesa" se refiere a sí misma como un "dragón". Eso es exactamente lo que es Peggy: un dragón disfrazado de princesa.

  Por cierto que han robado papel higiénico de la tienda. ¿Quién habrá sido?
  


  
  
  CONTINUARÁ...
  

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